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Francisco I.Madero. Opiniones sobre su persona de algunos de sus contemporaneos.

AUTOR: GILDARDO CONTRERAS PALACIOS.
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No cabe duda, de que la personalidad de Francisco I. Madero siempre ha sido un tema muy polémico y cuestionado, sobre todo por la opinión de sus enemigos. El pensamiento de Juan Sánchez Azcona, que después sería su secretario particular cuando llegó a la presidencia de la república, trata el tema ampliamente y nos dice al respecto que sus críticos siempre lo han juzgado desde muy lejos, lejos en distancia y lejos en el tiempo y que siempre le han atribuido dos características negativas principales; haber sido insuficiente en el aspecto cultural y una marcada debilidad de carácter. De ellas lógicamente han derivado otra serie de descalificaciones secundarias. Sin embargo, en Madero hay elementos para suponer que fue poseedor de una instrucción muy superior a la gran mayoría de los mexicanos de ese tiempo y precisamente de esa instrucción derivó una cultura acorde con ella. No fue un científico ni un artista destacado de las bellas artes, pero gustaba y conocía lo necesario sobre ellas. Sobre su debilidad de carácter, sus detractores lo basan en su bonhomía, en su filantropía, en saber rectificar equivocaciones, su inclinación al perdón y el respeto a la persona humana, el saber escuchar y entender a sus contrarios, y sobre todo su exceso de confianza en las personas. Para Adrián Aguirre Benavides, “… la práctica del bien en Madero era una función biológica. Esa bondad originó que sus detractores y enemigos políticos principalmente los porfiristas reaccionarios, lo tildaran de ingenuo, inocente y tonto. Ciertamente Madero carecía de malicia, de sagacidad, y de suspicacia, cualidades o atributos, que son esenciales en política, y sobre todo en nuestra política mexicana. No ambicionó el poder, ni hizo el menor esfuerzo por llegar a la presidencia de la república como meta de ambiciones personales; la admitió y desempeñó cumpliendo un deber patriótico.” Sin embargo algunos de sus contemporáneos como Aguirre Benavides, Sánchez Azcona y otros que lo conocieron muy de cerca, han dejado sus testimonios sobre la verdadera personalidad de Madero.

De aquellas familias acomodadas de la época, que deseaban un cambio en la forma de gobierno que el país tenía desde hacía casi 30 años, en manos de Porfirio Díaz; surgió un individuo, originario de Parras de la Fuente Coahuila, que nació el día 30 de octubre de 1873, y se le bautizó con el nombre de Francisco Ignacio Madero González. Dice el periodista parrense J. Natividad Rosales en referencia a su tierra natal: “…todos los parrenses ven al norte porque los otros tres puntos cardinales se los cierra un circo de montañas que fueron llamadas por los hispanos Sierra de los Pirineos… En Parras de la Fuente la distancia se mide en kilómetros. La noche precisa muchas sombras para hacer oscuridad y el ojo mucha pupila para abarcar semejantes distancias. A lo lejos azulean las sierras. No pueden ser verdes por lo árido y en las noches simulan silenciosos galopes de corceles fantasmales”.

Agrega Natividad Rosales: “no hay duda de que la niñez de Madero fue cómoda y accesible, sus primeras letras las aprehendió de las maestras Chonita Cervantes y Albina Máynez para hacer las vocales y hacer las sencillas sumas. Un poco más grande pasó al colegio de San Juan Nepomuceno de Saltillo, en donde estuvo dirigido por los jesuitas…” Después el joven Madero fue enviado al Saint Mary’s College de Baltimore. En 1889 ya estaba en Paris para seguir su instrucción. En esa ciudad lo conoció y empezó una buena amistad con él, Juan Sánchez Azcona cuando también cursaba algunos estudios en la Ciudad Luz y quién sobre su amistad con Madero dejó escrito lo siguiente “…mi padre delegó su autoridad paterna en el ilustre maestro Ignacio Manuel Altamirano (Cónsul General de Mexico en París), el maestro me recibió amablemente en su casa, pero para darme cierta dosis de libertad… arregló que fuese a vivir junto con unos buenos muchachos mexicanos, de muy distinguida familia… …esos buenos muchachos eran los Madero, Ernesto, Manuel y José. Poco antes se habían regresado a México, Evaristo y Gustavo. En su domicilio los visitaba un primo… Marcos Hernández (Marquitos), quien fue muerto durante la revuelta en México en febrero de 1913. Este a su vez tenía un sobrino que no vivía con ellos porque estudiaba como interno en la Escuela de Altos Estudios Comerciales y salía los sábados para internarse nuevamente e primera hora del lunes. Se llamaba Pancho… Llegó el sábado y hube de conocer a Francisco I. Madero. Apareció menudo y sonriente. Apuntábale apenas el bigote y usaba el “clavo” muy alargado, pero aún no tenía barba. Iba pulcramente vestido con chaquet y tocado con un sombrero de seda de copa alta y de alas semi-planas y relativamente anchas…”.

Después de terminar sus estudios en París, Madero regresó a su patria y pronto se dirigió a California para instruirse en las cuestiones agrícolas y de irrigación y perfeccionarse en el idioma inglés. Fue precisamente durante su estancia en California cuando conoció a su futura esposa la señorita queretana Sara Pérez, con quien contrajo matrimonio en 1803 en la ciudad de México. Posteriormente pasó a radicar a San Pedro de las Colonias convertido ya en administrador.

A decir de Adrián Aguirre Benavides, Francisco “era un individuo de baja estatura sin llegar a lo que los mexicanos llamamos chaparro. Sin embargo su estatura era verdaderamente más baja de lo regular… Abultada y alta la frente; los ojos pardos muy vivaces y expresivos. Desde su juventud dejó crecer su barba, hasta usarla al estilo francés, de piocha. Desmedrado, de fuerte complexión, verdaderamente vigorosa. Muy ágil de movimientos y de tipo marcadamente castizo, predominante en su familia sus ademanes eran característicamente norteños; ásperos, bruscos… Sobre el particular existe el testimonio del antiguo general porfirista Vito Alessio Robles que en cierta ocasión recibió una invitación de Adrián Aguirre Benavides para entrevistarse con Madero, cuando este era ya candidato a la presidencia de la república. Ese día ambos personajes se presentaron en el domicilio en donde se hospedaba Madero en la ciudad de México, y allí se encontró “…con un hombre de pequeña estatura, en cuya cabeza apuntaba ligera calvicie, frente amplia, cejas anchas y espesa, ojos negros y grandes, bigote grueso y barba cortada en punta, de color moreno….por su afabilidad y franqueza me inspiró viva simpatía.”

Sigue diciendo Aguirre Benavides que Madero “…era toda bondad y sencillez. Su hablar era fuerte y claro; su temperamento era nervioso, lo que percibían claramente los que lo trataban, y adolecía de un tic nervioso que consistía en levantar el hombro izquierdo. Era un gran caminante, gustaba de emprender largos recorridos. Como jinete a caballo, era incansable. Era además un gran nadador. Madero tenía una resistencia física inagotable… tuvimos ocasión de recorrer a caballo una distancia de no menos de cincuenta kilómetros a través de una serranía abrupta cubierta por raquítica vegetación de sotol, lechuguilla, guayule y una que otra gobernadora”. Cuenta Alfonso Taracena, que Madero aparte de ser un excelente jinete, era un destacado nadador y en una ocasión en San Sebastián (en un lugar de Europa), realizó la hazaña de nadar desde la playa hasta unas islas que cerraban la bahía a una distancia aproximada de 2 millas (3.706 kms.) sin ningún descanso. Agrega Aguirre Benavides: “…que Madero era sobrio y frugal en la comida y como era vegetariano los únicos alimentos animales que comía eran huevos y leche; gustaba mucho de las frutas frescas y secas… pasas de higo, de membrillo y durazno, nueces y cacahuates.”. Cuando Vito Alessio lo visitó, se sentaron a la mesa “…nos acompañaba su esposa, doña Sarita, señora abnegada, inteligente y buena. El desayuno fue vegetariano, tunas, manzanas, peras, y café con leche. La sobremesa fue larga….”

Aguirre Benavides continuó diciendo de Madero: “era limpio… en los días calurosos se bañaba dos veces al día. Su atuendo era sencillísimo. Cuando vivía en San Pedro de las Colonias usaba trajes blancos, o bien pantalones ajustados y camisolas, sombreros charros sin ningún adorno o casco “sarakof” al que era muy afecto para contrarrestar el vigoroso calor de la región. Aunque era sano, padecía frecuentemente de jaquecas (migraña) que lo obligaban a recluirse en un cuarto oscuro hasta que le desapareció el dolor... Era un hombre de buen humor, afable y bondadoso con todas las personas, ponía énfasis en su trato con los humildes, jovial, con la sonrisa a flor de labio.”

Refiere Aguirre Benavides que: “En la vida de campo (Madero) se levantaba antes del amanecer, para llegar a las labores a la salida del sol… durante su vida de soltero se llevaba en la mañana su comida en un morral colgado a la cabeza de la silla de montar y gustaba comer con sus peones. Así fue como… compartió su vida entera de trabajo en comunión diaria, íntima con sus trabajadores, conociendo sus necesidades y miserias que siempre remedió en cuanto pudo. Madero era sumamente caritativo; en San Pedro todos los menesterosos sabían que en él encontrarían alivio. Un guerrillero anti-maderista, miembro de la acaudalada familia chihuahuense Luján, Che Campos (Cheché C…), decía sobreponiéndose a su antagonismo: “No hay mejor amigo, ni hombre más bueno, ni más virtuoso, que Pancho Madero, en toda La Laguna”.

Agrega Aguirre Benavides, “Tenía Francisco, en 1909, una fortuna que valía de cinco a seis millones de pesos. En San Pedro de las Colonias poseía los ranchos algodoneros del “Porvenir”, “Buenavista”, “Tebas”, “Palmira”, la hacienda ganadera de “San Enrique”, en el margen del río Bravo, inmediata a Laredo; el rancho “del Colorado”, cerca de San Pedro, negocio de leña seca de mezquite. Tenía además los terrenos guayuleros de “Australia”, para la explotación del ganado; con este negocio organizó una sociedad anónima, que se llamó Compañía Ganadera de la Merced. Tenía una fábrica de hule de guayule en Cuatro Ciénegas, acciones en el banco de Nuevo León y en la Compañía Industrial de Parras; era accionista de la Compañía Minera de la Paz de Matehuala, San Luís Potosí y tenía casas propias en Parras, Monterrey y México, D.F.”

Cierra Aguirre Benavides su comentario diciendo: “Tan admirable era su honradez, por su desprendimiento. En un año que duró la campaña política acabó con sus ahorros de dieciséis años de trabajo al rayo del sol, del alba al ocaso y en cinco años que duró la lucha armada, se convirtió en cenizas la fortuna de seis millones del padre. Dinero sobradamente bien empleado, porque Madero conquistó la redención del peón esclavizado, la libertad del pueblo de México y su derecho por medio del voto público de regir sus destinos.”

FUENTES:
.-Francisco I. Madero Ante la Historia. (Semblanzas y Opiniones). Biblioteca del Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana. Varios Autores. México 1973. (Testimonios en este escrito de Adrián Aguirre Benavides, Juan Sánchez Azcona, Alfonso Taracena, Vito Alessio Robles).
.-José Natividad Rosales. “Madero y el Espiritismo”. Colección Duda. Editorial Posada. Mexico, D.F. 1973.