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Agustín Celedonio Churruca Peláez, S.J. Notas de su vida y su obra.
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Agustín Celedonio Churruca Peláez, S.J. Notas de su vida y su obra.
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AUTOR: GILDARDO CONTRERAS PALACIOS.
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Agustín Churruca Peláez, nació en la ciudad de Puebla de los Ángeles, el 25 de junio de 1938, fue el segundo hijo del matrimonio formado por Francisco Churruca Sobrado y de Victoria Peláez Encinas. Su padre, fue un inmigrante español, nacido en Bilbao, España y su madre fue hija de padres asturianos. Sus hermanos fueron, por orden de edad, Blanca, (Agustín), Ma., del Pilar, Francisco Miguel, Guadalupe y Ma., de los Gozos, que actualmente radica en esta ciudad de Torreón y quien tuvo dos hijos, Ana del Carmen y José Antonio. (Churruca Ma de los… Notas)
El P. Agustín, fue bautizado en la Iglesia de Santo Domingo en su natal Puebla, en donde también recibió el sacramento de la Primera Comunión. Sus estudios primarios los realizó en el Colegio Benavente de Puebla, bajo la dirección de los Hermanos Lasallistas. Sobre ésta etapa de su vida de niñez y comienzo de su juventud, la sra. Ma., de los Gozos Churruca, hermana del Padre y a quien agradecemos mucho la información que nos proporcionó y que aquí se incluye, nos comentó: “… de niño fue tranquilo, callado, estudioso, inteligente, muy serio, difícilmente se le oía alguna risa, carcajada jamás. Sentía una verdadera pasión por leer, guardar silencio, meditar, aprender y si tenía algún dinero extra lo empleaba en adquirir libros, especialmente de historia…” (Churruca Ma de los… Notas)
Posteriormente en compañía de su hermano Francisco, que por cierto era dos años menor que él, pasó a la tierra de sus ancestros Bilbao, España, en donde cursó estudios por tres años en el Colegio Santiago Apóstol, con los Hermanos de las Escuelas Cristianas. En esta etapa de su vida, el alto grado de aprovechamiento que logró alcanzar en sus estudios, quedó demostrado con algunos reconocimientos que recibió de las instituciones mencionadas. Posterior a ello, retornó a Puebla, en donde continuó con sus estudios de secundaria con los Padres Jesuitas en el Instituto Oriente. Al terminar la preparatoria, el P. Agustín ingresó a la Universidad Autónoma de Puebla (ahora BUAP), en el año de 1956. (Churruca Ma de los… Notas)
El año de la decisión del P. Churruca, se presentó al año siguiente en 1957, cuando decidió ingresar al noviciado de la Compañía de Jesús en San Cayetano en el estado de México en donde a los dos años realizó sus primeros votos. De esta etapa, su hermana Ma. de los Gozos, nos comentó que “… antes de entrar al noviciado se obligaba a los aspirantes a pasar por el noviazgo, así que Agustín tenía una novia allí mismo en Puebla, era de su edad mas menos, de quien, después de 6 meses se despidió diciéndole: mi vocación es el sacerdocio…”. Su madre a decir de Ma. de los Gozos, “…fue muy feliz de tener un hijo sacerdote y además jesuita…”. (Churruca Ma de los… Notas)
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Posterior a ello, ya dentro de la Compañía se dirigió a Dublín, Irlanda en donde continuó con sus estudios teológicos, combinados con el aprendizaje del idioma inglés. En seguida se dirigió de nueva cuenta a la tierra natal de su padre, e ingresó a la Universidad de Deusto en Bilbao, España, esto fue entre los años de 1962-1964. Terminados sus estudios, regresó a la ciudad de México, en donde concluyó su instrucción eclesiástica y se ordenó como sacerdote jesuita el 31 de agosto de 1968, en la iglesia de los P.P. jesuitas en San Ángel, D.F. Ofició su Primera Misa en la Iglesia de la Compañía de Jesús en Puebla el 1 de septiembre de 1968. Posterior a su ordenación, impartió clases en la IBERO, y al mismo tiempo estudió una licenciatura y maestría en Historia de México. Sus estudios y preparación fueron más allá y obtuvo el título de Doctor en Filosofía y Letras por la UNAM, en el año de 1978. (Churruca Ma de los… Notas).
En ese año de 1978, el padre Churruca, comenzó a publicar algunos artículos en el periódico “La Prensa” y en la revista “Christus”, de edición jesuita, sobre temas que muchas veces tocaban terminales muy sensibles de la sociedad sobre aspectos que no a todos agradaban en cuestiones sociales principalmente. Durante algun tiempo ejerció su ministerio sacerdotal e impartió clases en la ciudad de Tula Hidalgo. Posterior a ello fue asignado por la dirigencia jesuita a pasar a la añosa y señorial ciudad de Parras, Coahuila, a donde llegó el 1 de marzo de 1982. Al llegar nunca imaginó que había llegado a un campo muy fértil para el desarrollo de sus aficiones históricas, por la riqueza de su archivo eclesiástico que estaban depositados en una sección de la iglesia de San Ignacio de Parras. Las noticias que tenía sobre el lugar al que había llegado, no eran muchas; tal vez a Parras solo la conocía por simple referencia, como otros muchos lugares de nuestra Patria que habían sido fundados por sus antecesores de Orden. El campo encontrado fue demasiado benigno para sus dones de sacerdote y de investigador histórico, sin embargo había que hacer labor para que aquello diera frutos y en aquella mies de frutos impensables logró levantar el P. Churruca, una gran cosecha.
Una vez instalado en Parras, el P. Churruca, fue destinado a la iglesia del Sagrado Corazón, iglesia situada en la calle 5 de Mayo de Parras. Realizaba entre los días de la semana, viajes a los más olvidados, lejanos y paupérrimos ejidos y poblados del municipio de Parras, llevando a sus habitantes alguna ayuda material traducidos en alimentos, ropa y medicamentos que pudiese aliviar un poco su precaria situación de hambre, miseria y enfermedad y además trataba de proporcionarles alguna ayuda espiritual con la prédica del evangelio. Trataba de inculcar a los campesinos la forma de que resolver ellos mismos sus problemas y de ser autosuficientes. Los necesitados, fueron una de sus grandes preocupaciones de este México tan desigual.
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A pesar de aquella dura tarea, supo aprovechar parte de su tiempo en la práctica de su afición por la investigación histórica, y muy pronto con los antecedentes ya logrados en este campo, con la publicación de algunas obras, se pudo relacionar con gente de Saltillo, interesados en este tipo de cuestiones. Entre ellos se encontraba el lic. Roberto Orozco Melo, parrense, periodista y escritor quien al respecto nos comentó lo siguiente: “…Mera coincidencia, un par de meses antes yo había adquirido… su acucioso trabajo “Primeras Fundaciones Jesuitas en la Nueva España”, ignorando que el autor radicaba en mi tierra… Por aquellos días andaban metidos en la brega de formar la Sociedad Histórica de Coahuila, el historiador Álvaro Canales, Armando Fuentes Aguirre (Catón), Javier Villarreal Lozano, Ricardo Dávila, Rufino Rodríguez y otros… En uno de esos condumios, en los cuales el tema dominante era la historia, conocí al padre Churruca. En esa ocasión resultó inevitable que saliera a la luz mi origen parrense; luego que yo lamentara en voz alta el incendio del valioso archivo histórico municipal por una turbamulta revolucionaria en 1911 y después que varios le preguntáramos… si ya se había sumergido en los documentos del archivo eclesiástico del Colegio de San Ignacio, hasta entonces inaccesible para los historiadores. “Claro que si, contestó, y creo que son muy importantes”. Lástima, dije, que no se puedan estudiar, ni organizar debidamente. Los padres nunca los permitieron, excepto a un investigador estadounidense y al entrañable historiador local, Juan Contreras Cárdenas. ¿Alguna vez podrían ser curioseados?...”
En lo personal me permito decir que en algunas ocasiones, con motivo de una temporada de vacaciones laborales, entre los años de 1976-1977, acompañé a mi padre don Juan Contreras al citado archivo del Colegio en sus labores de investigación, y fue la primera vez que tuve contacto con los añosos libros de registro de los sacramentos religiosos, que en el archivo se guardaba. Debo decir que a los documentos de asuntos diversos, no los conocí en ese tiempo y realmente no tuve acceso a ellos. Pero continuemos con el tema. Sigue diciendo el lic. Orozco, “Churruca ofreció consultar con el Superior de la Orden, obtuvo su anuencia y las cosas se pusieron a modo para que en pocas semanas, don Agustín pudiera trabajar en el rescate del repositorio parroquial.” De esa manera el P. Churruca encontró la colaboración de algunos parrenses en las personas de Héctor Barraza Arévalo, Manuel Sakanassi, Jesús Gutiérrez y de Patricio Borja.”
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Bajo un plan perfectamente trazado por el P. Churruca, el grupo empezó su trabajo de clasificación de los muchos documentos que allí se encontraban, mediante la lectura, si no, de todo el contenido del documento, si de alguna parte de ellos para poder saber el tema de que se ocupaban.
El archivo parroquial de Parras, resulta ser, sin temor a equivocarnos de los muy pocos que han logrado subsistir en el septentrión mexicano, con documentos y registros de más de 400 años de antigüedad. La tarea iniciada por el P. Churruca para tratar de ordenar y clasificar de la mejor manera aquel gran acervo documental, se basó en mucho en el trabajo que en el año de 1973, realizó el doctor Basil C. Hendrich, de la Southern Illinois University, U.S.A., cuyos resultados los dejó plasmados en un folleto que edito en el año mencionado. Sin embargo, también es necesario reconocer, la labor que realizaron algunos personajes en pro de conservar aquellos valiosísimos documentos desde tiempo inmemorial; en primer lugar recordemos la labor del padre Bernabé Antonio de Roxas, quien en 1758 y como cura vicario y juez eclesiástico de Parras, elaboró un inventario de los documentos existentes en aquel tiempo. Y no podemos dejar de mencionar al padre Silvestre Vicente Borja, cuya labor consistió en haber logrado rescatar los papeles del archivo “de los traviesos muchachos de la época, que lo tenían todo “escarabajeado”, en casa del notario Mixares.
La labor del padre Churruca respecto a su archivo parroquial culminó en 1987, quien en la cuaresma de ese año vio culminada su labor y no fue sino hasta el mes de enero de 1989, cuando se publicó un catálogo debidamente clasificado respecto a los documentos allí existentes. A dicha publicación la denominó inicialmente: “Archivo Histórico Matheo de Parras”, posteriormente su principal ordenador le agregó el nombre de “…María y Matheo…”, esto fue en memoria de Matheo, uno de los fundadores de Parras y que según las crónicas fue el “primero que vino” y de María, “mujer vieja, fundadora del pueblo…”; datos que el padre Churruca localizó en su labor de investigación.
Junto con el trabajo de ordenamiento del archivo parroquial, el padre y algunos de sus colaboradores, realizaron ciertos trabajos de investigación, con base en los documentos que estaban ordenando, y auxiliados con otras fuentes documentales, elaboraron un libro denominado Historia Antigua de Parras, la cual fue impresa en el periódico El Popular de Parras en el año de 1989, en dicha obra se localizan textos del propio padre Churruca, de Héctor Barraza, de Patricio Borja y de Jesús Gutiérrez. Ya un poco mas interiorizado con la historia de Parras, el padre y otros aficionados a la investigación histórica, editaron un segundo trabajo denominado El Sur de Coahuila, Antiguo, Indígena y Negro, con textos del padre Churruca, de Héctor Barraza y de Ana María Serrato.
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En el año de 1990, invite al padre Churruca para que me hiciese el favor de prologarme, una pequeña obra que me inició en este tipo de trabajos y a la que denominé: Parras y La Laguna. Notas para su Historia. A lo cual accedió de buena gana y en el mismo entre otras cosas mencionó: “…Encerrarse durante horas en un archivo, es tarea pesada. Escribir, corregir, leer, requiere de un esfuerzo de concentración que en ocasiones es desgastante. El amor al terruño se sobrepone a todas las dificultades y nes capaz de vencerlas. Al que ama nada le es difícil… Los libros de historia, que encierran en sus hojas lo que podemos rescatar de nuestro pasado ya trascurrido, son un tesoro para nuestra cultura. Escribirla es labor de generoso gambusino, que recoge y pone a disposición de todos un tesoro de oro puro que nos permitirá trasmitir de generación en generación lo que las anteriores a nosotros pudieron crear, conocer, gozar y comunicarnos.” Festividad de San Ignacio de Loyola. 31 de julio de 1990.”
Al año siguiente de 1991, fui invitado por primera vez por el padre Churruca para colaborar con él y con Héctor Barrraza en una edición que patrocinaron la U. A. de C. y el Archivo Municipal de Saltillo. Trabajo al que se le denominó Trozos de la Historia de Parras. Posterior a ello, las reuniones con el padre Churruca, se hicieron más frecuentes y así me invitó a formar parte de la Sociedad Histórica Parrense (me parece que así se llamó aquella sociedad), junto con Héctor Barraza, éramos al parecer tres miembros o cuatro, no lo recuerdo bien. En ese contexto le surgió la idea al padre que realizáramos en conjunto una investigación sobre los principales acontecimientos de la región de Parras durante el siglo XVII (1600). La principal fuente serían los libros de registro de bautismos, matrimonios y entierros celebrados en Parras y los documentos sobre diversos temas, allí existentes; claro que nos auxiliaríamos de otro tipo de fuentes para llevar a cabo dicho plan. El trabajo culminó con la publicación del libro El Sur de Coahuila en el Siglo XVII. Cuya edición corrió a cago del Ayuntamiento de Torreón en el año de 1994.
Sin embargo la labor investigadora del padre Churruca, no solo se limitaba a temas relacionadas con la región de Parras, sino que como investigador y escritor logró publicar otras importantes obras entre las cuales podemos mencionar: “Primeras Fundaciones Jesuitas en Nueva España”( esta obra ya la había publicado antes de venir a Parras), “Historia Mínima de la Iglesia”, “Morelos. El Insurgente”, “El pensamiento Insurgente de Morelos”, “Francisco Javier Clavijero y otros Ensayos”, “Auditorio Rodolfo J. García”, entre otros que escapan a nuestra memoria.
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La salud del padre Churruca no era muy boyante, sino que tenía algunas afecciones ligados principalmente con el alta presión, causada tal vez por su afición al cigarrillo. Yo en lo personal en varias ocasiones en que visite su habitación en la casa de los Padres de Parras, en donde me recibía, notaba que su cenicero sobre un pequeño escritorio o mesita de trabajo estaba muy lleno de colillas de cigarros a lo cual con la confianza que él me había proporcionado le decía, que no anduviera fumando porque le hacía mal, y el contestaba que el cenicero estaba así porque la persona encargada de la limpieza no lo había aseado en días. Sus cigarrillos preferidos eran los “Delicados Ovalados”. Por cierto su habitación era de lo más modesto que uno se puede imaginar; en ella había una cama tosca de madera, una pequeña mesa de trabajo, una pequeña televisión en la que veía principalmente el futbol los domingos, otra pequeña reproductora de casetes y algunos anaqueles con mucho libros y documentos propios de su afición investigadora, una bicicleta estacionaria, no muy moderna, un closet para su ropa, un baño y nada más. Aun no tenía computadora, lo más moderno que utilizaba era una procesadora de palabras, en la cual elaboraba los textos de sus trabajos. Aquella habitación era demasiada austera y modesta.
A mediados de los años noventa, la salud del padre se complicó un poco y tuvo que ser trasladado al hospital del IMSS en Torreón, allí se le recibió como a cualquier otro paciente. Fue intervenido quirúrgicamente y gracias a Dios, el padre logró superar su problema. En esa ocasión gracias a la intervención del muy estimado doctor Manuel Delgado Macías, que en ese tiempo fungía como director de la “Torre de Especialidades” del IMSS, se logró colocar al padre en una habitación individual, después de haber compartido por algunos días un cuarto con otros pacientes.
El padre Churruca en ocasiones viajaba a esta ciudad de Torreón, y por lo general se hacía acompañar de un joven invidente, originario de algunas de las comunidades rurales de Parras. Dicho joven había perdido la vista debido a un sarampión mal curado, cuando él era un niño. Sin embargo el padre servía como su guía, lo llevaba con el médico y lo atendía con mucho esmero y paciencia; conociendo la manera de ser del padre, me sorprendía su humildad y paciencia con que lo atendía. Dicho joven se llamaba Martin. En una ocasión acompañé al padre y a Martín al pueblo de Mapimí, el padre tenía curiosidad en conocerlo, visitamos principalmente la iglesia, su archivo parroquial y el cementerio; ese día allí comimos en una fondita chica que parecía “restaurancito” situado en la calle principal de Mapimí. Martin se apoyaba en uno de los hombros del padre y entendía perfectamente sus movimientos, aún y cuando se tuviesen que utilizar gradas. Ambos se desplazaban como uno solo. A Martín lo seguí viendo en cuanta visita hacía el padre ha esta ciudad de Torreón, después ya no supe de él.
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En el mes de mayo de 1990, con motivo de la segunda visita de su Santidad Juan Paulo II, el padre Churruca fue invitado como representante del estado de Coahuila, a participar a un encuentro que los intelectuales mexicanos, tendrían con el Sumo Pontífice. De esa magnitud era considerada su intelectualidad, sin embargo aquel tipo de distinciones no las pregonaba ni las anunciaba, su humildad siempre estuvo a prueba de cualquier halago externo; sus logros siempre quiso compartirlos, nunca quiso sentirse como principal, sino que él se sentía feliz con ser útil y servir al prójimo. La humildad de su ser ante todo.
En el año de 1991, el padre Churruca, fue invitado por el maestro Felipe Garrido a colaborar en una edición denominada Nueva Historia de Torreón, en conjunto con otros 13 escritores en investigadores laguneros, obra en la cual, tuve el honor de participar; el Padre publico el tema El Sur de Coahuila en tiempos de la Colonia.
En octubre de 1995, la Universidad Iberoamericana, Campus Laguna, convocó a través de su rector, el padre Luis Narro Rodríguez, S.J., y de su departamento de Promoción y Relaciones Públicas a cargo del P. David Hernández S.J (+), a un concurso denominado “Papeles de Familia”, proyecto cuya dirección se encargó a la lic. Ma. Isabel Saldaña. Dicho concurso estaba dirigido a tratar de recabar entre los habitantes de la región (principalmente), el mayor número de documentos y fotografías antiguas en poder de sus familias, que permitiesen reconstruir las formas de vida pasadas, la conducta interna de las familias, la vida cotidiana al interior de las viviendas o en el ámbito laboral, en lapsos más o menos largos y continuos que mostrasen los cambios de la vida, para con ello, establecer una base de datos que se pudiesen hacer del conocimiento general, que resultaran del interés del público y que sirviesen a los investigadores interesados en redescubrir el origen e identidad de los laguneros. El padre Churruca, en forma personal fue invitado a participar en dicho certamen, y por atención y por amistad más que por otra cosa, me pidió mi parecer sobre su decisión, para presentar en dicho certamen, una copia de los documentos presentados en su edición del Archivo María y Matheo de Parras, a pesar de que en principio el material no se sujetaba a la finalidad de lo solicitado; a lo que le respondí que no había ningún impedimento para presentarlo y que él era el que tenía la última palabra, y él de mutuo propio decidió presentar el material. Un comentario sin afán de presunción personal alguna, digo que gracias a la dirigencia de la UIA, Campus Laguna, en lo personal fui invitado a participar como jurado para calificar los trabajos recibidos. Una noche de un día de noviembre de 1995, nos reunimos los integrantes del jurado calificador, integrado por el maestro Cuahutemoc Velasco, el profesor Roberto Martínez y un servidor en una sala de las instalaciones de la UIA, que en lo personal me imagino era el espacio dedicado a la biblioteca, para calificar el material recibido consistente en 152 participaciones y después de varios escrutinios decidimos el nombre de los ganadores y entre ellos resultaron agraciados los documentos del Archivo María y Matheo de Parras, en un rango que la misma convocatoria establecía como “documentos notables, aun cuando su género no se ajuste perfectamente a los términos de la convocatoria…”. De esa forma llegó el citado archivo al también y hoy denominado Archivo Histórico Juan Agustín de Espinoza, de la UIA, Campus Laguna.
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Durante su estancia en Parras, el padre Churruca, fue un fiel guardián del archivo que él se había encargado de darle orden y presencia. Era celosísimo en la custodia de los documentos allí contenidos. En lo personal, obtuve alguna benevolencia en ese aspecto, ya que el padre me permitió sacar del recinto algunas copias de los documentos para “sacar” otras copias de los mismos, allí mismo en Parras, bajo una estricta observación y condición de retornarlos en el menor tiempo posible y no de días, sino de horas. Los documentos originales los guardaba con la mayor prestancia y en lo personal nunca tuve contacto con ellos. Los que si me permitió “sacar” fuera del archivo fueron algunos libros de registro de los sacramentos impartidos, pero con la misma condición de retornarlos en el menor tiempo posible, solo lo que me tardaba en obtener la copia, en algún establecimiento de Parras. Casi casi me acompañaba a obtener las copias. Los documentos más antiguos, los más valiosos, del archivo, los guardaba con gran celo en su cuarto, sin que nadie tuviese acceso a ellos. Después de su partida en 1996, ya no he vuelto a visitar el Archivo Parroquial de Parras, desconozco quien se quedaría a cargo de tan valioso acervo. Sin embargo, al parecer algunas personas han tenido acceso al citado archivo, del cual han “sacado” algunos documentos originales del archivo y de otros, que el padre obtuvo en sus buscas en otros archivos y las han proporcionado a gente que sin haber puesto nunca un pie en el recinto del Archivo de la iglesia de San Ignacio de Parras, hoy en día en sus obras presumen la publicación del contenido de tales documentos y aún llegan a decir que trabajaron con los originales de los documentos consultados; aquí ya no vale aquella frase del P. Churruca, “…Encerrarse durante horas en un archivo, es tarea pesada. Escribir, corregir, leer, requiere de un esfuerzo de concentración que en ocasiones es desgastante.” Resultaría muy saludable conocer si dichos documentos regresaron a su lugar o se distrajeron en otros menesteres. De él y gracias a él, aprendí a incursionar en los archivos parroquiales, debido a ello, para mi investigación sobre los Antecedentes de la Fundación del Torreón, mi principal trabajo de campo estuvo basado en el archivo parroquial de la iglesia de Santiago Apóstol de Viesca, de donde obtuve datos “muy nuevos” para la historiografía regional.
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En el año de 1996, la dirigencia de la Compañía de Jesús decidió que el padre Churruca pasara a la iglesia de los Sagrados Corazones en la ciudad de Xalapa, Veracruz, en donde continuó ejerciendo su ministerio sacerdotal, en combinación con la impartición de clases y cursos y sobre todo su labor de investigación siguió adelante; todavía tuvo tiempo para publicar las obras: La Compañía de Jesús. Como nació. (1999), San Ignacio y Lutero (2000) e Historia de la Iglesia en México. Síntesis. Que fue publicada hasta el año 2002. A pesar de su delicada salud, y de lo aceptable que resultaba para él el clima húmedo de Xalapa, fue enviado a Oaxaca en octubre del año 2000. Al parecer, para ese tiempo su salud se había empeorado o al menos eso suponemos, su estancia en la residencia de Oaxaca, duró menos de dos meses, el día 9 de diciembre sufrió un infarto, se le internó en un hospital de la localidad y falleció el día 12 de diciembre de ese año del 2000, el mero día de Santa María de Guadalupe. No hubo mejor tiempo para que volviera a la casa de Dios Padre. Su cuerpo fue cremado y en principio sus cenizas se depositaron allí en el Templo de la Compañía y posteriormente alguna gente de Parras, realizó las agencias necesarias pata que los restos se trasladaran a ese lugar, en donde fue muy estimado por sus habitantes; situación que así se hizo y hoy en día sus cenizas descansan en la iglesia del Sagrado Corazón de Parras, allí por la 5 de mayo, en donde era el asiento de su ministerio sacerdotal. Y para cerrar aquella inmensa gratitud hacia la persona de tan ilustre personaje, el pueblo de Parras otorgó el nombre de Aguatín Churruca a una de sus calles colocando en una vivienda de dicha arteria, una placa de mármol con su nombre. Un mes después de su fallecimiento y auspiciada por la licenciada Ma. Isabel Saldaña, se organizó acá en Torreón un homenaje para honrar la memoria del padre Churruca, y para ello se convocó a algunas personas que tuvimos el gusto de conocerlo y sobre todo de tratarlo en forma personal. Y el 12 de febrero de 2001, hubo una velada en el anexo del teatro Martínez, a la cual acudimos como expositores el P. David Hernández (+), lic Roberto Orozco Melo, don Alberto González Domene, Héctor Barraza Arévalo y el que esto escribe. Ante una buena concurrencia, se habló del padre, de sus quehaceres y de su persona. De esta forma la comunidad de Torreón rindió un homenaje a tan distinguido personaje.
Hoy nos queda en lo personal, el recuerdo de su persona, muy serio, poco comunicativo, de muy pocas palabras, no era muy afecto a las conversaciones prolongadas. Por su carácter “agrio”, algunas personas lo consideraban como enojón, pero no era tal, siempre estaba metido en sus pensamientos. Los pobres y la historia, eran su principal preocupación. Sus misas, no duraban más de 25 minutos, la prédica del evangelio no tardaban más de cinco minutos; "ni menos de cinco ni mas de diez", me decia al respecto. Padre, le decía yo, porque esa rapidez en el oficio de sus misas, a lo que él me contestaba “… mira G… los tiempos han cambiado, anteriormente las misas y oficios religiosos eran más solemnes y duraban más tiempo, porque la gente tomaba aquello como un especie de distracción a los quehaceres cotidianos, hoy las ocupaciones y distracciones han cambiado y hay que entender a la gente…” No era dado a los “reflectores” de la popularidad, la luz la llevaba dentro. Tomaba muy ecuánime los elogios de la gente, y era incapaz de auto elogiarse, nunca se sintió el mejor historiador. Al contrario, le gustaba y le ponía feliz poder compartir sus logros y obras con otras personas o colaboradores, aun y cuando él realizara la mayoría del trabajo publicado.
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Cierro estos artículos con mi consideración muy personal, y sin temor a equivocarme puedo afirmar de que a pesar del poco tiempo que el padre Churruca estuvo en esta Región de Parras y la Laguna (aproximadamente 14 años), su condición de investigador e historiador, difícilmente podría ser ocupada hoy en día por alguna otra persona de la región.
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Fuentes
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Notas personales de la señora Ma. de los Gozos Churruca Peláez.-FUE
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Lic. Roberto Orozco Melo. Hora Cero. Columna periodística. El Siglo de Torreón. Diciembre de 2000.-FUE
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